Humanidades 3202

Profa. Maricarmen Martínez

Siglo 17 barroco español

 

 

SONETOS DE FRANCISCO DE QUEVEDO

 

 

Represéntase la brevedad de lo que se vive y cuán nada parece lo que se vivió.

 

" Ah de la vida!"... «¿Nadie me responde?

 Aquí de los antaños que he vivido!

La Fortuna mis tiempos ha mordido;

las horas mi locura las esconde.

 

 Que sin poder saber cómo ni adónde

la salud y la edad se hayan huido!

Falta la vida, asiste lo vivido,

y no hay calamidad que no me ronde.

 

Ayer se fue; mañana no ha llegado;

hoy se está yendo sin parar un punto:

soy un fue, y un será, y un es cansado.

 

En el hoy y mañana y ayer, junto

pañales y mortaja, y he quedado

presentes sucesiones de difunto.

 

 

Signifícase la propria brevedad de la vida, sin pensar,y con padecer, salteada de la muerte.

 

Fue sueño ayer; mañana será tierra!

Poco antes, nada; y poco después, humo!

Y destino ambiciones, y presumo

apenas punto al cerco que me cierra!

 

Breve combate de importuna guerra,

en mi defensa, soy peligro sumo;

y mientras con mis armas me consumo,

menos me hospeda el cuerpo que me entierra.

 

Ya no es ayer; mañana no ha llegado;

hoy pasa, y es, y fue, con movimiento

que a la muerte me lleva despeñado.

 

Azadas son la hora y el momento

que, a jornal de mi pena y mi cuidado,

cavan en mi vivir mi monumento.

 

           

 

Repite la fragilidad de la vida, y señala sus engaños y sus enemigos.

 

«¿Qué otra cosa es verdad sino pobreza

en esta vida frágil y liviana?

Los dos embustes de la vida humana,

desde la cuna, son honra y riqueza.

 

 

El tiempo, que ni vuelve ni tropieza,

en horas fugitivas la devana;

y, en errado anhelar, siempre tirana,

la Fortuna fatiga su flaqueza.

 

Vive muerte callada y divertida

la vida misma; la salud es guerra

de su proprio alimento combatida.

 

¡Oh, cuánto, inadvertido, el hombre yerra:

que en tierra teme que caerá la vida,

y no ve que, en viviendo, cayó en tierra!

 

 

 

Prevención para la vida y para la muerte.

 

Si no temo perder lo que poseo,

ni deseo tener lo que no gozo,

poco de la Fortuna en mí el destrozo

valdrá, cuando me elija actor o reo.

 

Ya su familia reformó el deseo;

no palidez al susto, o risa al gozo

le debe de mi edad el postrer trozo,

ni anhelar a la Parca su rodeo.

 

Sólo ya el no querer es lo que quiero;

prendas de la alma son las prendas mías;

cobre el puesto la muerte, y el dinero.

 

A las promesas miro como a espías;

morir al paso de la edad espero:

pues me trujeron, llévenme los días.

 

    

Arrepentimiento y lágrimas debidas al engaño

 

Huye sin percibirse, lento, el día,

y la hora secreta y recatada

con silencio se acerca, y, despreciada,

lleva tras sí la edad lozana mía.

 

La vida nueva, que en niñez ardía,

la juventud robusta y engañada,

en el postrer invierno sepultada,

yace entre negra sombra y nieve fría.

 

No sentí resbalar, mudos, los años;

hoy los lloro pasados, y los veo

tiendo de mis lágrimas y daños.

 

Mi penitencia deba a mi deseo,

pues me deben la vida mis engaños,

y espero el mal que paso, y no le creo.

 

 

 

Conoce la diligencia con que se acerca la muerte, y procura conocer también la conveniencia de  su venida, y aprovecharse de ese conocimiento.

 

 

Ya formidable y espantoso suena,

dentro del corazón, el postrer día;

y la última hora, negra y fría,

se acerca, de temor y sombras llena.

 

Si agradable descanso, paz serena

la muerte, en traje de dolor, envía,

señas da su desdén de cortesía:

más tiene de caricia que de pena.

 

«¿Qué pretende el temor desacordado

de la que a rescatar, piadosa, viene

espíritu en miserias anudado?

 

Llegue rogada, pues mi bien previene;

hálleme agradecido, no asustado;

mi vida acabe, y mi vivir ordene.

 

 

   

Muestra el error de lo que se desea y el acierto en no alcanzar felicidades.

 

Si me hubieran los miedos sucedido

como me sucedieron los deseos,

los que son llantos hoy fueran trofeos:

 mirad el ciego error en que he vivido!

 

Con mis aumentos proprios me he perdido;

las ganancias me fueron devaneos;

consulté a la Fortuna mis empleos,

y en ellos adquirí pena y gemido.

 

Perdí, con el desprecio y la pobreza,

la paz y el ocio; el sueño, amedrentado,

se fue en esclavitud de la riqueza.

 

Quedé en poder del oro y del cuidado,

sin ver cuán liberal Naturaleza

da lo que basta al seso no turbado.

 

 

 

Descuido del divertido vivir a quien la muerte llega impensada.

 

Vivir es caminar breve jornada,

y muerte viva es, Lico, nuestra vida,

ayer al frágil cuerpo amanecida,

cada instante en el cuerpo sepultada.

 

Nada que, siendo, es poco, y será nada

en poco tiempo, que ambiciosa olvida;

pues, de la vanidad mal persuadida,

anhela duración, tierra animada.

 

Llevada de engañoso pensamiento

y de esperanza burladora y ciega,

tropezará en el mismo monumento.

 

Como el que, divertido, el mar navega,

y, sin moverse, vuela con el viento,

y antes que piense en acercarse, llega. 

 

 

 

 

Miré los muros

 

  Miré los muros de la patria mía,

si un tiempo fuertes ya desmoronados

de la carrera de la edad cansados

por quien caduca ya su valentía.

 

  Salíme al campo: vi que el sol bebía         

los arroyos del hielo desatados,

y del monte quejosos los ganados

que con sombras hurtó su luz al día.

 

  Entré en mi casa: vi que amancillada

de anciana habitación era despojos,            

mi báculo más corvo y menos fuerte.

 

  Vencida de la edad sentí mi espada,

y no hallé cosa en que poner los ojos

que no fuese recuerdo de la muerte.

 

 

 

Desde la Torre*

 

 Retirado en la paz de estos desiertos

 con pocos, pero doctos, libros juntos

 vivo en conversación con los difuntos

  y escucho con mis ojos a los muertos. 

  

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,

o enmiendan, o fecundan mis asuntos;

y en músicos callados contrapuntos

al sueño de la vida hablan despiertos.   

  

 Las grandes almas que la muerte ausenta,

de injurias de los años vengadora,

libra, ¡oh gran don Iosef! docta la emprenta.

 

 En fuga irrevocable huye la hora;

 pero aquella el mejor cálculo cuenta

 que en la lección y estudio nos mejora.

 

 

 

 

*Poema  favorito de la profesora Martínez