
Humanidades 3202
Siglo 17 barroco español
Represéntase la brevedad de lo que se
vive y cuán nada parece lo que se vivió.
" Ah de la vida!"... «¿Nadie me responde?
Aquí de los antaños que he
vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las horas mi locura las esconde.
Que sin poder saber cómo ni
adónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.
Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.
En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.
Signifícase la propria brevedad de la
vida, sin pensar,y con padecer, salteada de la muerte.
Fue sueño ayer; mañana será
tierra!
Poco antes, nada; y poco
después, humo!
Y destino ambiciones, y presumo
apenas punto al cerco que me
cierra!
Breve combate de importuna
guerra,
en mi defensa, soy peligro
sumo;
y mientras con mis armas me
consumo,
menos me hospeda el cuerpo que
me entierra.
Ya no es ayer; mañana no ha
llegado;
hoy pasa, y es, y fue, con
movimiento
que a la muerte me lleva
despeñado.
Azadas son la hora y el momento
que, a jornal de mi pena y mi
cuidado,
cavan en mi vivir mi monumento.
Repite la fragilidad de la vida, y
señala sus engaños y sus enemigos.
«¿Qué otra cosa es verdad sino pobreza
en esta vida frágil y liviana?
Los dos embustes de la vida humana,
desde la cuna, son honra y riqueza.
El tiempo, que ni vuelve ni tropieza,
en horas fugitivas la devana;
y, en errado anhelar, siempre tirana,
la Fortuna fatiga su flaqueza.
Vive muerte callada y divertida
la vida misma; la salud es guerra
de su proprio alimento combatida.
¡Oh, cuánto, inadvertido, el hombre yerra:
que en tierra teme que caerá la vida,
y no ve que, en viviendo, cayó en tierra!
Prevención para la vida y para la
muerte.
Si no temo perder lo que poseo,
ni deseo tener lo que no gozo,
poco de la Fortuna en mí el destrozo
valdrá, cuando me elija actor o reo.
Ya su familia reformó el deseo;
no palidez al susto, o risa al gozo
le debe de mi edad el postrer trozo,
ni anhelar a la Parca su rodeo.
Sólo ya el no querer es lo que quiero;
prendas de la alma son las prendas mías;
cobre el puesto la muerte, y el dinero.
A las promesas miro como a espías;
morir al paso de la edad espero:
pues me trujeron, llévenme los días.
Arrepentimiento y lágrimas debidas al
engaño
Huye sin percibirse, lento, el día,
y la hora secreta y recatada
con silencio se acerca, y, despreciada,
lleva tras sí la edad lozana mía.
La vida nueva, que en niñez ardía,
la juventud robusta y engañada,
en el postrer invierno sepultada,
yace entre negra sombra y nieve fría.
No sentí resbalar, mudos, los años;
hoy los lloro pasados, y los veo
tiendo de mis lágrimas y daños.
Mi penitencia deba a mi deseo,
pues me deben la vida mis engaños,
y espero el mal que paso, y no le creo.
Conoce la diligencia con que se acerca
la muerte, y procura conocer también la conveniencia de su venida, y aprovecharse de ese
conocimiento.
Ya formidable y espantoso suena,
dentro del corazón, el postrer día;
y la última hora, negra y fría,
se acerca, de temor y sombras llena.
Si agradable descanso, paz serena
la muerte, en traje de dolor, envía,
señas da su desdén de cortesía:
más tiene de caricia que de pena.
«¿Qué pretende el temor desacordado
de la que a rescatar, piadosa, viene
espíritu en miserias anudado?
Llegue rogada, pues mi bien previene;
hálleme agradecido, no asustado;
mi vida acabe, y mi vivir ordene.
Muestra el error de lo que se desea y el
acierto en no alcanzar felicidades.
Si me hubieran los miedos sucedido
como me sucedieron los deseos,
los que son llantos hoy fueran trofeos:
mirad el ciego error en que he
vivido!
Con mis aumentos proprios me he perdido;
las ganancias me fueron devaneos;
consulté a la Fortuna mis empleos,
y en ellos adquirí pena y gemido.
Perdí, con el desprecio y la pobreza,
la paz y el ocio; el sueño, amedrentado,
se fue en esclavitud de la riqueza.
Quedé en poder del oro y del cuidado,
sin ver cuán liberal Naturaleza
da lo que basta al seso no turbado.
Descuido del divertido vivir a quien la
muerte llega impensada.
Vivir es caminar breve jornada,
y muerte viva es, Lico, nuestra vida,
ayer al frágil cuerpo amanecida,
cada instante en el cuerpo sepultada.
Nada que, siendo, es poco, y será nada
en poco tiempo, que ambiciosa olvida;
pues, de la vanidad mal persuadida,
anhela duración, tierra animada.
Llevada de engañoso pensamiento
y de esperanza burladora y ciega,
tropezará en el mismo monumento.
Como el que, divertido, el mar navega,
y, sin moverse, vuela con el viento,
y antes que piense en
acercarse, llega.
Miré los muros
Miré los muros de la patria
mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.
Salíme al campo: vi que el
sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.
Entré en mi casa: vi que
amancillada
de anciana habitación era despojos,
mi báculo más corvo y menos fuerte.
Vencida de la edad sentí mi
espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.
Retirado en la
paz de estos desiertos
con pocos, pero
doctos, libros juntos
vivo en
conversación con los difuntos
y escucho con
mis ojos a los muertos.
Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.
Las grandes almas
que la muerte ausenta,
de injurias de los años vengadora,
libra, ¡oh gran don Iosef! docta la emprenta.
En fuga
irrevocable huye la hora;
pero aquella el
mejor cálculo cuenta
que en la lección y estudio
nos mejora.
*Poema favorito de la profesora Martínez