Montalvo y Hostos: Sus “ojeadas” sobre América

(Para uso de los estudiantes de Humanidades)

por: Maricarmen Martínez



El ensayo de Juan Montalvo (1832-1889) “Ojeada sobre América” parte del cuestionamiento del principio filosófico de que la guerra es un derecho natural.  Esta creencia se remonta al filósofo griego del siglo VI A.C., Heráclito y cobra auge en la modernidad en los trabajos de Thomas Hobbes.  Esta idea se ha fundamentado con generalizaciones de la historia que dan evidencia del eterno estado de conflicto y lucha en el que se hallan los pueblos.  Pero, desde el inicio del ensayo el autor anuncia que tal creencia en la guerra como estado natural carece de justificación tanto desde el punto de vista lógico como del teológico.
 

En efecto, desde el punto de vista lógico, la idea de la guerra como estado o derecho natural del hombre, da al traste con la definición misma de ser humano como ser racional.  Desde la perspectiva teológica la imagen de un Dios creador, justo y benévolo inherente al cristianismo, contradice la idea de un mundo de criaturas en guerra.  En otras palabras, si la verdad es asunto de la lógica y de la teología, los pensadores que sostienen que la guerra es un derecho natural de los hombres son pobres de pensamiento y de espíritu religioso.
 

El termino "guerra" significa para Montalvo la violencia de un sector de la humanidad contra otro, pero sobre todo la violencia del mas fuerte contra el mas débil.  Si bien es cierto que el espíritu del ensayo se inclina hacia un mundo en el que se instaura la paz como estado natural de un ser racional creado por un Dios que al sufrir el oprobio del gobierno romano pone la otra mejilla, también es cierto, que "la guerra es justa para aquellos que las armas le son un deber y para los que en ellas tienen la única esperanza." 
 

Es importante notar que la palabra deber se asocia a la esfera de lo racional, como ya lo había visto Kant, y la esperanza es una de las Tres Divinas Virtudes: Fe, Esperanza, y Caridad.  Es por ello que el autor llama a la paz del Ecuador "desdichada" ya que ésta ha sido "la paz de la cárcel en donde los pobres indios tributarios gemían amontonados sufriendo el látigo de los capataces" (222).  Además, Montalvo señala que prefiere las guerras como las de los cartaginenses, las de los moros y la de los judíos, es decir aquellas que llevaron a cabo los pueblos oprimidos.
 

Estas ideas sobre la guerra Montalvo las aplica a la situación político-económica en Latinoamérica.  La ojeada a América deja ver un continente en un estado de guerra en cuatro sentidos: como guerra de los opresores contra los oprimidos (guerra injusta), como guerra de los oprimidos contra los opresores, (guerra justa), como opresión de los oprimidos sin conflicto bélico (la falsa paz), y como guerra fratricida que es la suma de las otras guerras y que quizás constituya un todo que es mayor que la suma de sus partes.
 

Finalmente, Montalvo sostiene que las leyes de la naturaleza son en sí mismas buenas, pero el hombre las pervierte.  Así, recuerda que Cicerón en El espíritu de las leyes establece que la esclavitud era en tiempos romanos la señal de la virtud conocida como caritas.  Añade que si bien es cierto que aunque el derecho romano permitía que el vencedor le quitara la vida al vencido, o el dueño al deudor, ambos optaban por la esclavitud como afirmación de su humanidad y su caridad.  No está diciendo Montalvo que la esclavitud es buena, y mucho menos que sea un acto de caridad, lo que señala que el hombre occidental legisló la barbarie, es decir que se invistió del derecho a la vida o persona de otro ser humano y le dio carta de civilización en forma de ley.  La legitimidad de la esclavitud y la guerra no emana pues de la naturaleza sino de la misma razón humana, que hace ley que "el vencido inocente" quede a merced del "vencedor inicuo."
 

Se trata de una razón mal usada que comete el error de categorías al no advertir que entre el hombre y la bestia hay una diferencia de grado que se transforma en diferencias de tipo.  El hombre está provisto de razón y no la usa adecuadamente, pues en violación a la ley de la naturaleza que en si misma exhibe racionalidad se lanza contra su co-específico y le quita la vida.  "Sólo el hombre devora al hombre y esto viene a ser peor condición que la bestia misma” (224).
 

El ser humano utiliza mal su libre albedrío.  Se suscribe aquí Montalvo a la vieja tesis de la escolástica de que el error y el pecado nacen del mal ejercicio del libre albedrío, pues aunque la voluntad de del ser racional es perfecta e infinita, los seres humanos dirigen sus amplias voluntades fuera de la ruta demarcada por la razón y es así que se equivocan y pecan.  La guerra es, pues, un error de juicio, un mal ejercicio del libre albedrío o la voluntad.
 

Concluye Montalvo su ensayo al sostener que desde el punto de vista teológico e la guerra no es un derecho natural, pues según el ensayista, Jesucristo no hubiese predicado la paz si la guerra fuera un elemento natural de la creación.  Así, Jesús condena la guerra pero nunca reprueba las leyes naturales.
 

Por lo tanto, queda demostrado, para América y el mundo, que la guerra como derecho natural es una noción de malos filósofos y de ateos.  Así, cualquiera que piense con lucidez y que sea un cristiano devoto debe echar una ojeada a nuestra América y al mundo y protestar contra la guerra.
 




Eugenio María de Hostos (1839-1903) escribe el ensayoEl día de América con motivo del Centenario del descubrimiento de América.  El filósofo aprovecha la ocasión para hacer de América una "verdad."  Según Hostos el viaje de Colón está dirigido por una "verdad positiva" o la convicción de la redondez de la Tierra.  El descubrimiento de América nace de una verdad y Hostos quiere explotar este hecho para validar o legitimar a América.
 

Sin embargo, América no es todavía una verdad “perfectamente redonda” puesto que Anglo América continua la gesta de la “verdad” al crear un régimen político que "conviene a una soberanía más exacta que la establecida en Europa” (276).  No obstante, Hispanoamérica "se somete a todos los errores políticos y administrativos que importó de Europa” (276).  A pesar de esta oposición entre Anglo América y Latinoamérica, Hostos sostiene que la verdad que toda América trae es la transformación de la civilización que surge como resultado del descubrimiento.
 

En efecto, Hostos piensa que América adelanta a la civilización pues su mero descubrimiento saca a la ciencia europea del oscurantismo y le da material para repensar el mundo desde la ciencia realmente positiva, es decir, desde aquella basada en hechos y no en especulaciones.
 

Desde el punto de vista de los estudios generales de la civilización, el descubrimiento de América, le permite al mundo europeo una verdadera expansión de su fuerza civilizadora. La civilización europea viene en las carabelas de Colón y la fuerza física de la Humanidad aumenta, es decir, tanto la propagación de la especie humana como la creación y aplicación mas profunda de los artefactos que se asocian a la cultura occidental.  Así, se aplica la brújula para calcular el verdadero diámetro de la Tierra a la vez que se ensanchan las artes con la producción estética del nuevo mundo.
 

Mas aún el Nuevo tiene formas autóctonas que irán a parar al depositario de verdades cuya suma hace eso que Hostos llama “Verdad,” es decir, lo que se opone a la mera especulación.  Así, entran a la arqueología y las humanidades, las civilizaciones indígenas, y a los prototipos heroicos deben incluir el noble espíritu de resistencia del indio del Caribe.  Según Hostos, el arte europeo continua manejando esquemas viejos.  Es posible que Hostos se refiera aquí a que Europa considera el pasado helénico al que toma como pasado de TODA la humanidad y por ende, utiliza una norma artística que se remonta a la Grecia de Pericles.  Ahora se añade a esas formas viejas otro pasado, el de América, que debe servir para la creación de formas estéticas nuevas.  Además, la vastedad del nuevo continente ofrece materia prima en el orden natural y en el humano para uso del espíritu artístico.
 

La lírica de América ha de ser más profunda, es decir, mas extensa o plural y por ello para Hostos mas humana y racional.  Hostos, propone la adecuación del canon cultural europeo a la verdad indiscutible de la existencia de un nuevo mundo.  Será ésta una verdad basada en el hecho insoslayable de un mundo que se extiende desde Alaska hasta la Patagonia y el Caribe.
 

América no es pues, para Hostos, el lugar de la barbarie sino la segunda cuna de la civilización o tal vez el comienzo de esta.  Es necesario que los pueblos de esta nueva civilización se unan y que cada cual aporte lo suyo para que se logre un gobierno compartido entre todos.  A Hispanoamérica le falta la verdad política, que se traduce en su “fuerza colectiva."