
Dama a Caballo
por: José Campeche
Desglose de los elementos románticos en
María, Cumandá y Ave sin Nido.
(Unidad:
Romanticismo en Latinoamérica)
El romanticismo es
un movimiento filosófico - artístico que se genera en Europa occidental a
mediados del siglo diecinueve. El romanticismo surge como contestación al
racionalismo ilustrado del siglo dieciocho. Frente a la mentalidad lógica y
objetivista del ilustrado el romántico se convierte en pura subjetividad
emotiva. La emoción y la sensibilidad prevalecen sobre la intelección.
El romántico es ante
todo un nostálgico, o bien añora un pasado lejano e idealizado en que todo iba
mejor, o vive del recuerdo o la añoranza de un amor perdido. Sin embargo, el
alma romántica no desea evadir la tristeza, sino que la busca activamente,
encerrándose en su propio desgarramiento.
Nostalgia y dolor por
lo lejano son los sentimientos por los que los románticos son desgarrados en
todas direcciones. Echan de menos la cercanía y sufren por su aislamiento de
los hombre, pero al mismo tiempo los evitan y buscan con diligencia la lejanía
y lo desconocido. Sufren por su extrañamiento del mundo pero aceptan y quieren
este extrañamiento. (Hauser, 360).
En nada se refleja con mas claridad el desgarramiento
de la subjetividad romántica como en su obsesión por la subjetividad
particular. Este culto al yo se revela particularmente en el impulso
irresistible que el romántico tiene por la introspección. Se trata de una manía
de auto-observación y de la necesidad
del héroe romántico de tomarse a sí mismo como sujeto que se repliega en sí
mismo. El héroe romántico se halla en oposición antitética con el mundo ya bien
sea por la fineza de sus emociones, o por los conflictos insolubles que la vida
le presenta.
Mas aún el romántico
busca lo irracional, el éxtasis, la superstición y lo ficticio y lo misterioso
con el mismo ahínco que se pliega sobre sí mismo. Es decir, el romántico se
"arroja de cabeza en el auto-desdobalmiento como se arroja en todo lo oscuro
y lo ambiguo"(367) y de aquí el gusto por lo macabro, lo oscuro, lo
nocturno y lo ficticio.
La enfermedad se
presenta ante la sensibilidad romántica como la prueba fehaciente de la más
noble humanidad. Según Hauser este culto a la enfermedad, esta hipocondría
esteticista, se debe a la renuncia del romántico a la facticidad. La enfermedad
es el escape para no someter la vida al análisis ético y cívico que exige del
ejercicio de la razón. Así, la
enfermedad "no es otra cosa que una fuga del dominio racional de los
problemas de la vida, y el estar enfermo, sólo un pretexto para sustraerse de
los deberes de la vida diaria
( Hauser, 368). En fin, todo
lo que se asocia a la subjetividad impera y la emoción triunfa sobre la
intelección.
Otro rasgo del romanticismo
es la tendencia a presentar su subjetividad en conflicto, o bien consigo misma
como alma atormentada, o con otro sujeto, o circunstancia, que trunca el camino
del alma romántica hacia la felicidad. El alma romántica se afirma en el
obstáculo que se le presenta frente a la posibilidad de su plenitud. Se puede alegar que el alma romántica es
aquella que sabe que pudo haber sido feliz y que mantiene una sostenida
añoranza por lo que pudo tener. El recuerdo lastimero y la melancolía son
rasgos de una conciencia cuya definición se encuentra en el reino de la
posibilidad, y específicamente en un proyecto de felicidad que queda trunco. En
fin, los románticos, consideran
"todo lo lógico y definido como algo menos valioso que la posibilidad
abierta y no consumada aún." ( Hauser, 369).
El romántico es
ocasionalista, es decir el mundo material es mera ocasión para que él pueda
afirmar su subjetividad Mientras más insustancial el mundo mas sustancia el
sujeto con alma romántica Así también, el alma
romántica se estremece ante todo estimulo de la naturaleza. Si canta el
ave se detiene a escuchar la
musicalidad del trino y piensa que ésta
le celebra empáticamente sus imposibles amores; si el cielo se nubla es índice
de su futura desventura, si crece el río es para que no se encuentre con su
amada. Otras veces la naturaleza se afana en no reflejar el alma romántica. De
todos modos, el mundo natural externo se define como el no-yo. La naturaleza es en tanto que existe para la
subjetividad individual y por ello es doliente y empática, adversa y hostil o
sencillamente indiferente al proyecto-pena del héroe romántico
El romanticismo es
historicista. Para el romántico cada suceso esta atado a una cadena de
acontecimientos previos que lo explican o lo evocan. Así también el futuro es
anhelado como consecuencia natural de la situación presente. Según Hauser, la
visión histórica del mundo que el
romanticismo aporta es una de las variaciones más sobresalientes de la cultura
universal. (Hauser, 349). Los artistas románticos tienen conciencia de que
están haciendo época y que cada uno de ellos tiene una contribución que hacer a
su entorno socio-cultural.
La conciencia
histórica del artista romántico unida al particularismo que se asocia a la creación artística culmina
en la idea de genio artístico, o el culto al héroe, sea este literario o literato, en oposición a su
entorno inmediato. El alma romántica es una especie de espíritu de
contradicción, de oposición sentimental al estado de cosas. No obstante, el
artista ve en este cuestionamiento del
mundo su aportación a ese mismo mundo. O de otra manera, el mundo es en tanto
se le presenta como conflicto al alma romántica. El alma conflictiva del
romántico opta por vivir al margen del presente, en algún pasado idealizado, o
en alguna utopía futura. Este
antagonismo de la conciencia artística particular y el mundo se manifiesta como nostalgia o
melancolía.
El romanticismo en Latinoamérica
El romanticismo en Latinoamérica
incorpora los rasgos del romanticismo europeo
a la vez que aporta la particularidad de la zona en la que se
desarrolla. Así, la literatura
romántica latinoamericana introduce la fauna y la flora de la
región tanto como las costumbres, tradiciones
y, las formas características de expresión de los criollos.
El romanticismo
latinoamericano adopta el historicismo que caracteriza al romanticismo europeo
para presentar su visión particular de la pirámide social del tardío siglo diecinueve. La base de esta
pirámide está constituida por los indios y los negros, y ascendentemente por
mestizos y criollos, colocándose en punto superior a los peninsulares.
El indio y el negro se constituyen como
personajes en las novelas de los escritores románticos latinoamericanos ya que
éstos como sus colegas europeos, aceptan las ideas de Jean Jacques Rousseau, y
así se ponen de lado de los
"salvajes nobles" a los que ve como hombres corruptos por los
elementos civilizadores del poder colonial. Así, a mediados del siglo
diecinueve surge en Hispanoamérica la novela indianista que idealiza al indio
sin ser indigenista y la novela anti-esclavista que censura la esclavitud y que resalta el carácter estoico del
esclavo sin ser genuinamente abolicionista. Además, el historicismo del período
romántico latinoamericano se caracteriza por la producción de novelas políticas
y históricas que ponen de manifiesto los conflictos de clase y las luchas de independencia de los pueblos latinoamericanos.
Los románticos
latinoamericanos como los románticos europeos, tienen la sensación de que su
época constituye una especie de apoteosis emotiva de lo humano. Si la
revolución francesa tuvo gran influencia en los europeos, el surgimiento de las
naciones latinoamericanas, debe hacer sentir a los artistas de esta región como profetas del evangelio
americano de la libertad. De hecho, Benedict Anderson, (1983) propone que es acertado atribuir la
formación del nacionalismo a los criollos americanos y en especial, a los
hispanoamericanos. Según Anderson, el germen de la nación contemporánea se
halla en la diferenciación que los criollos hacen entre los nacidos en tierras
americanas y los peninsulares. La conciencia de una diferencia de clase,
geografía, costumbres y etnicidad que tienen los criollos americanos, acaso
explica el surgimiento de la nación
como común-unidad de los criollos frente al imperio. Anderson concluye que los conflictos entre peninsulares y
criollos, prefiguraron la conciencia nacional americana (Anderson 61).
En el área de la
novela de corte mas subjetivista se encuentra la novela sentimental. La trama
de este tipo de novela se mueve por el impulso de emociones fuertes. Se trata
pues de una novela altamente subjetiva, en la que el autor hace hincapié en la
desventura del héroe en su búsqueda de un amor que será imposible. En la novela
sentimental se destacan los elementos de una agudeza tal, que puede rayar en lo
patético. Los escritores prefieren temas como la enfermedad física o mental, la
crisis sentimental, el abandono y la muerte ya que éstos permiten la
manipulación exagerada de la sensibilidad.
En la novela
sentimental se presenta al héroe cuyo ser es mera posibilidad de una
felicidad que nunca se alcanza. Todo
elemento patético tiene como función servir de obstáculo a la dicha del héroe.
El autor de la novela sentimental aspira a instalar al lector en una situación
emotiva semejante a la del protagonista. No es ésta una idea original. En la
Grecia clásica, se aspira a la emulación del héroe y se considera que el arte
debe producir una catarsis de índole cívico-ética. Sin embargo, el romanticismo
sentimental, no aspira a que el lector emule la vida ejemplar del héroe, sino
más bien que le acompañe en el despliegue de sus sentimientos y emociones. La
identificación empática del lector es pues, el objetivo del escritor romántico.
María, novela romántica sentimental
La novela María de Jorge Isaacs constituye un
ejemplo claro de novela romántica sentimental. Como novela romántica, es fundamentalmente
subjetivista y su disposición narrativa
sugiere que todo el argumento, no es otra cosa que una gran y triste cuita de
Efraín. Así, la novela abre con un capítulo
de tono autobiográfico en la que el protagonista narra lo que ocurre el día que deja la casa
paterna para irse a estudiar a la capital. Allí, en la casa paterna, deja no sólo el amor de una familia,
sino su prima y amada María quien se cría en el hogar como si fuera su hermana.
La novela cierra con el dolor que causa
la muerte de María en el alma de Efraín. En realidad la novela debía llamarse
"María o de las cuitas del joven Efraín," pues es el dolor de éste
mas que la enfermedad y muerte de aquella lo que quiere destacar su autor.
En efecto, al inicio
de la novela avisa Efraín que se durmió con un vago presentimiento de muchos
pesares que debía sufrir después" (Isaacs, 2) para terminar con la desdicha del héroe abrazando la tumba
"fría y sorda" de su amada. ( Isaacs 258). El subjetivismo que
caracteriza a la novela romántica se confunde con la egolatría en esta novela sentimental.
El valor que la
novela romántica da a la enfermedad se ve con claridad en la novela sentimental
María. La joven prima-amante de
Efraín sufre de un desorden convulsivo hereditario. La selección de la
epilepsia como enfermedad de la heroína romántica le permite a Isaacs rodear al
personaje de una inminente y fulminante fatalidad. El ataque epiléptico se
presenta sin el mareo anticipatorio conocido como "aura" y que
generalmente advierte a estos pacientes de la cercanía de un ataque. Sin embargo, María presiente la desgracia futura por la aparición de un ave negra
indicadora de su mal agüero. De todos modos, el misterio del ave agorera y la muerte de la heroína romántica añaden el
elemento de patetismo lúgubre que necesita toda novela romántica.
La intensidad del
sentimentalismo y el patetismo garantiza que la melancolía tenga un fin en el
tiempo. La desventura del protagonista masculino se estructura en una especie
de escala ascendente de intensidad. Ésta comienza con la separación de la amada
en la temprana juventud, continúa con la noticia de la enfermedad de la amada,
y se agudiza con la promesa al padre de cancelar sus proyectos de matrimonio si
María continua enferma. La etapa aguda
alcanza una gran intensidad con la segunda separación de María y Efraín --
cuando éste se marcha a Londres -- y culmina con la separación final y
definitiva que provoca la muerte de María. Se espera que Efraín viva el resto
de la vida sumido en la melancolía por la pérdida irreparable de la amada. Los
hilos sentimentales con los que se compone esta tragedia entre enamorados ponen
de manifiesto la tonalidad melancólica que tiene la obra sentimental.
El gusto romántico
por lo imposible se evidencia en la caracterización de la heroína. La imagen de
la bella amada va acompañada de una fragilidad que le hace casi etérea. Cierto
es que María es descrita a veces como "hermosa y hechicera," más su castidad, su infantil inocencia y su beatitud, la acercan
más a la Reina de Los Cielos, que a la Madre Tierra. Las flores que se asocian
a María son el lirio y la azucena, símbolos de la pureza, la modestia, la
castidad, y la extremada delicadeza. María esta siempre inserta en una aureola
fantasmagórica y su ser nunca llega a materializarse. En fin, María es por
carácter y situación, la mujer que siempre será un amor imposible, precisamente
aquél tipo de amor que fascina al escritor romántico.
Nunca las
auroras de julio en el Cauca fueron tan bellas como esta María...; la cabellera de carey sombreado,
suelta a medio rizar; las mejillas tintas de color rosa suavemente desvanecido,
pero en algunos momentos avivado por el rubor y jugando en sus labios cariñosos
aquella sonrisa castísima que revela en las mujeres como María una felicidad que
no les es posible ocultar. (Isaacs, 29)
El hombre que se
enamora de una mujer como María tiene que mostrar algún tipo de gusto por las
empresas imposibles. No obstante, es necesario que el joven enamorado exhiba
atributos viriles tales como la valentía, la constancia y el tesón. Estos
rasgos de carácter pueden garantizar el logro de cualquier objetivo, pero hay
que recordar que la desventura romántica exige que el héroe no logre la
felicidad deseada.
Para que el joven enamorado despliegue la
melancolía que caracteriza al romanticismo, es necesario que su tesón ceda ante
imperativos más allá de la voluntad viril. Los escritores optan entonces por
colocar algún destino poderoso que vence la más amorosa de las voluntades. El
valiente héroe romántico se convierte en víctima de terribles
circunstancias. Así, descubre que su
amada es su hermana y amarla implicaría la violación de la ley natural y moral.
Si la novela no presenta el incesto
como obstáculo absoluto, entonces es necesario que el héroe asista a la muerte
de ésta, garantizándose así que el proyecto sentimental se trastoque en
melancolía.
El amor imposible para el romántico es aquél
que nunca se consuma. La pareja no se
acerca sexualmente puesto que se cancela la posibilidad del matrimonio debido
al incesto o la muerte. Además, la
construcción que hace el romanticismo de la subjetividad femenina incluye la
castidad, la pureza y la modestia como rasgos que ensalzan la belleza de la
mujer. Si la narrativa romántica abre
algún espacio para lo erótico ha de ser mediante elementos sugestivos o
simbólicos. En el caso particular de María, las flores se convierten en
símbolos del coqueteo erótico. Efraín sueña que María entra en su habitación a
cambiar las flores de la mesa y que el vestido vaporoso y de muselina roza
coquetamente las cortinas del lecho. El joven mantiene una sostenida actitud de
voyeurismo romántico, pues observa de
modo constante desde su ventana a María mientras ella planta a recoge flores en
el jardín. Más aún, el deseo erótico por los labios de María se convierte en
petición por un clavel que ella lleva en la boca.
Volví enseguida a mi
cuarto a tomar mis pistolas. María, desde el jardín y al pie de mi ventana,
entregaba a Emma un manojo de montenegros, mejoranas y claveles; pero el más
hermoso de éstos por su tamaño y lozanía lo tenía ella en los labios
...Ella palideciendo
instantáneamente, correspondió cortada al saludo y el clavel se desprendió de
la boca
-- ¿Quieres le dije
al recibir las últimas (flores) cambiarme todas éstas por el clavel que tenías
en los labios? (Isaacs 29)
La naturaleza tiende
a reflejar el ánimo del héroe. Los
escritores románticos latinoamericanos como sus colegas en Europa, no
presentan la naturaleza como un sistema ordenado de leyes universales, sino que
ésta es tal vez la más importante refracción del alma de los héroes
literarios. La naturaleza llora o ríe
con el héroe, se opone hostilmente a sus proyectos o simplemente se torna fría
e indiferente ante las pasiones de éste.
Así, por ejemplo, en la novela María,
el joven enamorado debe buscar a un médico pues su amada corre peligro de
muerte. De camino a casa del médico,
Efraín tiene que enfrentarse a la corriente furiosa del río Amaime, y a un
corcel irritado que se resiste a cruzar el río. Finalmente el caballo parece
solidarizarse con la empresa de su amo y
heroicamente cruza el río Esta escena, además de realzar la valentía del
joven y la fragilidad de la dama, demuestra cómo la naturaleza es capaz de mostrar simpatía o antipatía con el proyecto de felicidad de los
enamorados.
Puse las espuelas en
los ijares del caballo que con las
orejas tendidas hacia el fondo del río y resoplando sordamente parecía calcular
la impetuosidad de las aguas que se azotaban
a sus pies; sumergió en ellas las manos, pero como sobrecogido de un
terror invencible; retrocedió veloz girando sobre sus patas. Le acaricié las
crines húmedas y el cuello aterciopelado y le aguijoneé de nuevo para que se
lanzase al río; entonces levantó las manos impaciente pidiendo al mismo tiempo
toda la rienda, la que le abandoné temeroso de haber errado el botadero de la
creciente. Él subió por la ribera una veinte varas, tomando la ladera de un
peñasco; acercó la nariz a las espumas y, levantándola enseguida se precipitó
en la corriente
( Isaacs, 35-36).
La novela sentimental
en tanto que novela romántica presenta cuadros de costumbres y ambientes de
época. Como se indica arriba, el romanticismo europeo le da espacio literario a
la vida del pueblo, cuya espontaneidad y frescura contrasta con el
intelectualismo característico de la ilustración europea. El romanticismo
latinoamericano gusta también del color local ya bien sea popular o natural.
En efecto, las
tradiciones, costumbres, expresiones idiomáticas y creencias del pueblo figuran
en la trama de la obra romántica. En el caso particular de la novela
sentimental María, lo popular se
presenta en el contexto de varias historias de amor que hacen contrapunto con
la de María y Efraín. Hay tres romances secundarios en María: Braulio y Tránsito, Sinar y Nay y Triburcio y Salomé. El
romance de Sinar y Nay sirve más bien para añadir una nota del exotismo
que tanto agrada a los románticos.
La relación entre los mestizos Triburcio y Salomé se adapta mejor al
elemento del.
Jorge Isaacs resalta
la belleza local de la mestiza de
Salomé color local, sus labios "húmedos y amorosos" y sus
"desnudos" y "mórbidos" brazos. Se advierte pues una
sensualidad en la mestiza que no está presente en la virginal María. La mestiza
y su madre fríen buñuelos, asan pintones y quesillos y hacen pandémonos. La
dieta de los mestizos criollos se presenta ante los ojos del Efraín, el criollo
blanco, como algo pintoresco.
La visita de Efraín a
casa de Salomé rebela las responsabilidades que trae la institución del
compadrazgo. En efecto, Efraín viene a
cerciorarse de que la reputación de la mestiza Salomé, hija del compadre
Custodio, no corra peligro. Como parte
de su deber de compadre Efraín intercede por Salomé ante Triburcio. Las formas de expresión locales contrastan
con el español cuidadoso de Efraín. Se dirige Efraín a Triburcio y éste le
responde:
-- Tú la has ofendido
con tus celos, y con tal que vayas a contentarla ella te lo perdonará todo y te
querrá más que nunca.
-- Mire, niño Efraín:
yo la quiero tantísimo que ella no se figura las crujidas que me ha hecho pasar
este mes. Cuando uno tiene su genio como a mi me lo dio Dios, todo se aguanta
menos que le tengan a uno por cipote, perdone su mercé la palabra. (Isaacs,
207).
La novela María
de Jorge Isaacs es la novela romántica
por excelencia por lo que la tarea de encontrar en ella rasgos característicos
del romanticismo resulta larga pero no difícil. No obstante, la novela sentimental
indianista Cumandá de Juan León Mera
contiene una especie de manifiesto romántico, cuyo contenido hay que
analizar en aras de establecer una
definición del genio romántico latinoamericano.
Cumandá: Y el
romanticismo latinoamericano
El capítulo Vll de Cumandá describe al genio
romántico como "un poeta." La vida del poeta es breve y se
caracteriza por una melancolía constante. No obstante, el poeta en tanto que
alma romántica es "felizmente desgraciado" puesto que la desventura
le purifica. Más aun, el alma romántica
no se ata a las "bagatelas del mundo" pues tiene su mirada
clavada en pensamientos mucho más altos, nobles y por ende etéreos.
Platón no tuvo en mucha estima a los poetas, pero el
platonismo del héroe romántico de Mera permite la reconciliación del sabio
filósofo y el poeta enamorado. Según Mera el poeta es un "desdichado semidiós."
¡El poeta, ser condenado a
buscar en la tierra cosas que se hallan sólo en el cielo!.. ¿Está escrito que así como la beatitud se
compra con penitencia y lágrimas, la gloria en el mundo ha de comprarse
haciendo que el genio se purifique de las penalidades y dolores?...Sin duda; y
así desgraciado, y así padeciendo, y así llorando, el poeta se levanta sobre la
multitud como el rey del pensamiento...
( Leon- Mera, 79- 80)
Carlos es el héroe romántico melancólico. Su carácter es
ciertamente mucho mas filosófico, reflexivo y pasivo que el de Efraín en la
novela María. Aquél no ejecuta
acciones que envuelvan el atrevimiento y la gallardía de Efraín. Ello es así
porque es María una obra sobre las
cuitas, aventuras y desventuras de Efraín mientras que Cumandá es una novela cuyo
eje es la imposibilidad del romance entre una aparente india y un blanco.
Mientras la tensión romántica de María
emana de la enfermedad y la muerte de su protagonista, el conflicto romántico
de Cumandá, se deriva de la
diferencia de contextos étnicos y culturales de la pareja.
Cumandá es un drama entre salvajes, o más bien
un romance sentimental en el seno de la
selva. El escenario natural sirve pues para crear la situación de cuita amorosa
frente la imposibilidad que caracteriza a la pareja romántica.
No obstante, a la
heroína Cumandá no la persigue la muerte como es el caso de la bella María. En
la novela de Mera el descubrimiento de la relación incestuosa entre los amantes
es el sino que se abalanza sobre los amantes y hace imposible su mutuo amor. De
todos modos, como se trata de un novela romántica el amor no debe ser
consumado. Los amantes se convierten en hermosas víctimas de fatales
circunstancias. Por el otro lado, el platonismo de Carlos, es decir, su rechazo
a las "cosas de la tierra" en pos de la "visión beatífica"
lo convierten en el candidato ideal para mantener una relación pura, y por ello
imposible, con su hermana. Además, la inocencia salvaje de Cumandá, su
respeto los mungía de la selva y a los preceptos morales del catolicismo, la
mantienen casta a un en el seno de la selva.
De hecho se puede
alegar que Cumandá es doblemente inocente. Como María exhibe la pureza virginal,
pero también posee la inocencia de un alma que no está corrupta por los vicios
de la civilización. La selva le provee
a Cumandá un espacio en el que existen pocas restricciones sociales y
morales permitiéndole mas movilidad que a las modosas aristócratas blancas como
son Emma Y María en la novela de Isaacs. Sin embargo, como María, la joven
Cumandá recibe la fe católica que
instala en ella virtudes tales como la pureza y la castidad que deben tener todas las mujeres que aceptan el
culto mariano. En fin Cumandá,
"era toda sencillez y vivacidad, candor y vehemencia, dulzura de amor
apasionado y actitud de orgullo; era toda alma y toda corazón; alma noble, pero
inculta; corazón de origen cristiano en pecho salvaje..." (León-Mera, 54).
Cumandá es una novela sentimental mas no es melodramática como la
María de Jorge Isaacs. La muerte de
Cumandá no se describe y los quejidos lastimeros de los amantes que hay en María se vuelven más sobrios en la
novela de Mera. Sin embargo, la trama
de la novela está llena de una serie de "casualidades" o pequeños
imposibles dirigidas a evitar la
relación entre Carlos y Cumandá y por ende a hacer del amor imposible la
esencia de la novela sentimental
romántica. Entre estos pequeños imposibles se encuentran la colaboración
adversa de una naturaleza que es hostil al proyecto de los amantes. Así la naturaleza deja que ocurra una seria
tormenta que hace difícil el encuentro entre Carlos y Cumandá. A pesar de esta
tormenta, Cumandá vaga por la selva en busca de Carlos quien se ha ido a cazar a orilla del río Pastaza. La joven encuentra una canoa
que resulta ser la que llevó a Carlos al río y justo la que no tiene cuando la
tormenta cae con la más fuerte intensidad y Carlos necesita de un medio de
transporte para regresar a la misión que dirige su padre. Allí, muy
casualmente, se halla Cumandá. Mientras tanto, los indios de las misiones se
muestran renuentes en ir en busca de Carlos por temor al mal tiempo. Cuando por
fin se arriesgan, les distrae el encontrar la canoa de Carlos con el que lleva
dentro el cuerpo desmayado de Cumandá. Finalmente, los indios atrapan a Carlos
de modo que éste no se halla presente cuando Cumandá regresa a la tribu. La
joven muere antes de que Carlos sea liberado.
Los destinos de los amantes
apenas se cruzan. A esta serie
de pequeños imposibles se unen dos
imposibles absolutos: la muerte de Cumandá y el descubrimiento de una foto de Carmen Orozco, madre de
Carlos, en el relicario de Cumandá.
Esta foto es el testimonio de una relación filial entre los amantes y por ende
anuncio del incesto como imposible absoluto.
Cumandá es también una novela romántica indianista. En su narrativa
se destaca la idealización del indio como salvaje noble.. La novela presenta al
indio como una especie de niño que todavía no ha evolucionado hacia la madurez
de la fe, cultura y costumbres españolas. Esta forma de representación del
indio tiene su raíz en los trabajos de Fray Bartolomé de las Casas quien en
buena fe paternalista aboga por la cristianización y la felicidad de los
indios.
No obstante, Cumandá
en tanto que novela indianista no lanza una posición ideológica radical hacia
los derechos de los indios sino que más bien los trata como componentes nativos
de la selva americana. La hegemonía del criollo blanco no se discute y no
parece oponerse a la simpatía que el novelista indianista romántico siente por
el indio. En fin, la novela representa al indio al que "la regeneración
cristiana había dulcificado sin afeminar su carácter" (León- Mera, 69). Para el escritor de la novela indianista, el
cristianismo debe hacer a los indios "dueños de toda la ventura que es
posible disfrutar sobre la Tierra" (León-Mera, 69).
La representación del indio en la novela Cumandá es ambigua. A veces sirve para responder a la preferencia del romántico por lo
particular y el color local, otras veces, sirve para presentar un elemento
exótico, que se asemeja a la función que cumple el romance de Sinar y Nay en la
novela sentimental María. Así, la
novela incluye la descripción de los indios en las misiones a la vez que se
transporta a la parte más remota de la selva para presentar las actividades de
los záparos y los jíbaros. Las fiestas en el lago de los záparos recuerdan el
color local y las luchas de los jíbaros y sus costumbres de achicar cabezas
humanas que sirven como trofeos de guerra lleva consigo una nota de exotismo.
El mal agüero
constituye otro elemento que refleja el romanticismo sentimental de Cumandá. En el primer encuentro de Cumandá y
Carlos bajo las palmeras la joven india relata que le teme al Padre Orozco y
que sueña "cosas funestas." Mas tarde, este miedo se acrecienta
cuando en una futura cita con Carlos, Cumandá advierte que las palmeras que ella y su enamorado identifican con su
amor, están quemadas. La de Cumandá "ha sido derribada por el fuego; la de
Carlos "no ha ciado pero está negra y sin vida" Además, "de las lanas que las enlazaban y unían
no ha quedado rastro ninguno" (León- Mera, 89). La capacidad de presagio
de las palmeras se intensifica cuando Cumandá viaja sola y fugitiva por la
selva cuando ambas palmeras se destruyen: “Las palmeras están destrozadas; la
una ha doblado tristemente la cabeza y apenas se sostiene de pie: es la de
Carlos; la otra ¡ ah!, ¡que ruina!.., ¡es la de Cumandá y está como su corazón!”
(León- Mera, 164).
Ave sin Nido: Tensión entre el romanticismo y realismo
El análisis de los
elementos románticos en ave sin nido resulta difícil pues la obra recibe
influencias tanto del realismo como del romanticismo. Es tal vez más correcto
decir que se trata esta de una obra de transición. Como este ensayo pretende
desglosar los electos románticos de tres novelas de la literatura
latinoamericana no me detendré a examinar los elementos realistas.
En efecto, ave sin
nido se dirige entre otras cosa a denunciar el maltrato que le dan las
autoridades civiles judiciales y eclesiásticas a los pueblos indios del Perú a
finales del siglo diecinueve: En el proemio a la novela la autora, Clorinda
Matto de Turner:
Amo con ternura a la
raza indígena, por lo mismo que he observado de cerca sus costumbres,
encantadoras por su sencillez, y la abyección que someten esa raza aquellos
mandones de villorrio, que, si varían de nombre no degeneran siquiera del
epíteto de tiranos. No otra cosa, son, en general, los curas gobernadores,
caciques y alcaldes. (Matto, 51)
Es interesante
advertir que el indigenismo de Matto todavía dista mucho de ser tal. La autora
sostiene hacia éstos una actitud condescendiente y paternalista más característica
del indianismo literario que del indigenismo. Así, en el capítulo diez de Ave sin nido Matto sostiene que "nosotros", los blancos, no podemos condenar a los
hábitos salvajes de los indios sin antes inyectarles las nociones de igualdad y
dignidad. Es evidente que estas nociones
constituyen los puntales ideológicos de la revolución franca que sirve
de inspiración al romanticismo. Este liberalismo ilustrado-romántico cancela la
posibilidad de que la novela escape totalmente las corrientes románticas y se
inserte en el realismo social.
Digamos a los canibus
y huachiparis que no coman las carnes de sus prisioneros, sin haberles dado
primero las nociones de la humanidad,, el amor fraternal y la dignidad que el
hombre respeta en los derechos de otro hombre y pronto seremos también
reducidos a pasto de los antropófagos, diseminados en tribus en las
incultas montañas de Ucayali y el
"madre de Dios." ( Matto. 75)
Se advierte, sin
embargo, que la obra contiene elementos
realistas como los son las explicaciones darvinianas del estado de civilización
de los indios. Así, la novela hace referencia a la opinión de algunos
sociólogos de entonces que explicaban carácter del indio y su “retraso”
socio-cultural como efectos del clima y de la pobre calidad de la alimentación
de los aborígenes, específicamente, a la falta de carne en su dieta. A pesar de
ello, la obra contiene elementos románticos tales como el amor imposible, la
naturaleza que refleja y retrata la subjetividad de los héroes, el presagio de
lo horrible o funesto, el nacionalismo, y el color local.
En efecto, la novela finaliza abruptamente con el
reconocimiento de los enamorados de la relación filial que les une y por lo
tanto de la imposibilidad del amor. La caracterización de los enamorados está
hecha de modo tal que el descubrimiento de sus lazos consanguíneos no se traduzca en la falta del incesto. Así,
Manuel es el joven de sentimientos nobles, de voz dulce, respetuoso de sus
padres que ha elegido la profesión de derecho. Margarita, por su
parte, es "casta," "inocente," "pura " y
"graciosa." Al igual que
María y Cumandá, Margarita es una "ángel."
Manuel no desea que
Margarita se entere de que don Sebastián, quien todos tienen por su padre, ha
sido el responsable de la muerte de los padres de la joven. Se trata este
hecho de un impedimento romántico que el tesón de Manuel debe vencer. Más
cuando se presentan alternativas de solución, los padrinos de Margarita, Lucía
Y Fernando, anuncian que se la llevarán
fuera del pueblo de Killac. El quejido lastimero del héroe romántico, no se
hace esperar:
! ¡Dolor del alma! ¡Tu te llamas Fatalidad y yo soy tu hijo!..
( Matto 126).
La dimensión erótica
que en la novela sentimental se construye mediante el regalo del ramo de flores
a la amada, se apacigua puesto que Manuel selecciona violetas para
Margarita ya que "las violetas representan la modestia y la modestia es
virtud que resalta en una mujer hermosa" (Matto 127).
A pesar del cariño
que se profesan Margarita y Manuel, es evidente que "los separa un abismo" (Matto 159). Pero la autora de la novela sostiene la
tesis romántica de que la emoción prevalece sobre toda razón puesto que
"en la vida práctica las aberraciones del corazón señalan el mundo
insondable como la parte mas poética del amor" (Matto 159). Es por ello que son los amantes "pobres
desterrados del Paraíso de la Ventura” (159).
La naturaleza en Ave sin Nido también tiende a ser
refractaria de las subjetividades particulares. Así cuando hay un peligro
inminente para los esposos Marín que será el resultado de una confabulación
entre las diversas autoridades dirigentes del país, el cura ve cruzar a un búho
"por los tejados de la casa parroquial, dejando percibir un siniestro
aleteo, y pregonando el mal agüero.." ( Matto, 96). Del mismo, modo cuando los esposos Marín se
marchan del pueblo la "naturaleza se mantiene "indiferente" y
"sin armonizarse con la tristeza de algunos corazones" (Matto, 196).
En la novela de Matto
Turner se revelan sentimientos patrióticos profundos que inspiran y estimulan
el compromiso de Fernando y Lucía con los indios de la región, a la vez que
hacen del pueblo de Killac y del Perú un personaje protagónico en la novela. Es
posible que la tragedia romántica que le ocurre a Margarita y Manuel no sea
otra que el infortunio del pueblo de Killac. De hecho, el retrato de Killac permite añadir cierto color local.
Se describe el vocabulario regional característico de los indígenas como
"señoracha," "Wiracha," "niñay" y "curay."
El uso del vocabulario regional es tan
frecuente que la obra requiere de un glosario de regionalismo.
No se han examinado
los elementos realistas en Ave sin nido, ni la ambigüedad que presenta
el personaje de Lucía porque mi objetivo hasta aquí ha sido esbozar los
elementos románticos en María de
Jorge Isaacs, Cumandá de Juan León
Mera y Ave sin nido de Clorinda Matto
de Turner.