LA EDAD MEDIA TEMPRANA: Traducciones de citas de: Cantor F. Norman (ed).  The Medieval World .   New York:  Macmillan Publishing , 1968.

 

Por: Maricarmen Martínez. Ph.D.

 

 

Para uso de estudiantes de “Cultura Medieval y Renacentista.”

 

 

 

 

 


   

 

           La historiografía occidental tradicional divide el período entre el año 300 y 1300 D.C. en dos eras.  La primera  se conoce como la edad media temprana y se extiende desde comienzos del siglo cuarto hasta el siglo once, la otra es la edad media alta y se extiende desde mediados del siglo once hasta el 1300.

          Constantino el grande (312-337), fue el primer emperador cristiano y ejerció una gran influencia en el desarrollo de la Iglesia.   Nuestro conocimiento de Constantino se deriva de los escritos de su amigo Eusebio, Obispo de Cesárea en Palestina,  y de las cartas y decretos del propio Constantino. 

     En esta página encontrarás algunas citas de los escritos de Eusebio y Constantino.

La biografía de Constantino que Eusebio escribió sirvió de modelo para la escritura de otras biografías de reyes medievales.  Encontraremos también, el Credo que Constantino impuso a la Iglesia en el año 325.  Este Credo se conoce como el Credo de Nicenas y su  objetivo es finalizar la controversia cerca de la naturaleza de la Santísima  Trinidad.

     En el año 312, Constantino regía a Galia y Britania y se disponía a invadir a Italia para ganar la porción occidental del Imperio.  Par ello era necesario derrotar a Maxentius quien regía a Roma.

     Debes poner atención especial a las consecuencias políticas de la conversión de Constantino. Reflexiona además sobre  el  razonamiento teológico de Constantino y sobre los expectativas y pre-juicios sobre los que este pensar se monta.

 

 

 EUSEBIO: LA VIDA DE CONSTANTINO

 

     Convenciéndose de  que necesita una ayuda más poderosa que la que le podían proveer su sus fuerzas militares y ya que Maxentius practicaba diligentemente toda suerte de encantamientos, Constantino pidió   socorro Divino, entendiendo que la posesión de armas y numerosos soldados eran de importancia secundaria, y creyendo que el poder  cooperador de una divinidad invencible no podía ser socavado. Consideró, pues  en cuál de los dioses, apoyarse para protección y socorro.  Sumido en esta indagación, se le ocurrió que muchos emperadores habían cifrado sus esperanzas en una multitud de dioses y que le sirvieron a sacrificios y ofrendas a estas divinidades. Pensó que estos emperadores habían sido engañados por predicciones lisonjeras y oráculos prometedores de prosperidad  y que todos ellos  habían enfrentado finales desafortunados, y que ninguno de los dioses  les advirtieron de la ira que contra ellos se desataba desde los cielos; mientras que sólo, quien había seguido un curso totalmente diferente y quien había condenado el error de los otros, y honrado al Supremo Bien durante el transcurso de su vida, encontró que este Supremo Bien fue el  Protector y el Salvador de su imperio y el dador de todas las cosas buenas. Reflexionando sobre todo esto y sopesando el hecho de aquellos que habían adorado una multiplicidad de dioses habían caído víctimas de todo tipo de muerte, sin dejar familia, o patrimonio: mientras que le Dios de su padre le había ya provisto a él mismo muchas manifestaciones de su poder. . ., juzgó que era necio adorar a tantos dioses, y sintió que era de su incumbencia adorar al dios de su padre.

     Así,  clamó a Él en oración honesta y le suplicó que se le revelara y que tendiera Su mano derecha para ayudarle en las dificultades que atravesaba.  Y cuando estaba así orando fervientemente, se  le apareció una maravillosa señal del cielo, cuyo recuento sería difícil de creer si hubiese venido de alguna otra persona.  Pero ya que el propio  victorioso emperador le confesó este hecho al que narra esta historia, y confirmó su relato bajo juramento; ¿quién titubearía de dar crédito a su relato, especialmente ahora, que el tiempo ha establecido su veracidad?  El emperador dijo que cuando el día empezaba a declinar, vio con sus propios ojos, el trofeo de la cruz que brillaba en los cielos, sobre el sol y con la inscripción CONQUISTA CON ESTA.  Ante tal visón el propio emperador quedó  anonadado, y también su ejército  el cual le siguió en esta expedición y que también contempló el milagro.

     Dijo además, que en su interior dudaba del alcance de tal señal.  Y mientras lo ponderaba racionalmente, vino la noche y le venció el sueño; y en su sueño, Cristo de Dios se le apareció con el mismo signo que había visto antes en el cielo, y le mandó que hiciera una réplica de ese signo y que la utilizara como protección en todo encuentro con sus enemigos. ( 4-5)

 

EUSEBIO: CONSTANTINO COMO VICE-REGENTE DE DIOS

 

Este es Él quien tiene un dominio supremo sobre todo el mundo, Quien está sobre todas las cosas y en todas las cosas, y quien  permea todas las cosas visibles e invisibles: la Palabra de Dios.  De Quien y por Quien nuestro emperador divinamente favorecido, recibiendo, como si se dijera, una trascripción de la administración de los asuntos del mundo  proveniente de la soberanía Divina y en imitación de Dios mismo.. Investido, como está [ el Emperador Constantino] con una  poder soberano que es semblanza del poder celestial,  por ello encuadra su gobierno terrenal de acuerdo al patrón Divino original, sintiéndose así en conformidad con la monarquía de Dios. Y el Soberano universal le otorga esta conformidad al hombre, y decreta que todos deben estar sujetos al gobierno de uno.  Y es seguro que la monarquía trasciende toda otra forma de constitución y de gobierno. Por ende, hay un solo Dios y no dos, o tres, o más... (Cantor, 7)

 

 

 

CREDO DE NICENAS   año 325.  DC

 

Creo en un solo Dios, el  Padre Todopoderoso, hacedor todas las   cosas visibles e invisibles; y en un señor Jesucristo, el Hijo de Dios, e hijo único del Padre, de la  misma  sustancia que el Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no, hecho, de la misma substancia que el Padre. Por quien todas las cosas fueron  hechas. Quién, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajo de cielo, y se encarnó y se  hizo hombre.  Él sufrió y fue enterrado; y al tercer día él se levantó otra vez, y ascendió al cielo, y se sienta en la mano derecha del Padre;  y Él vendrá otra vez, con gloria y juzgará a los vivos y a los muertos.  Y creo en el Espíritu Santo. Y quien diga que hubo un tiempo en que el hijo de Dios no era, o que antes de haber sido engendrado Él  no era, o que fue hecho de cosas y que es de distinta sustancia o naturaleza que el Padre, o que Él es una criatura, o sujeto a cambio o conversión- todos aquellos que así hablan-- serán anatemas de la Iglesia Católica y Apostólica.

 

EL MAL Y LA VOLUNTAD (SAN AGUSTÍN)

¿Qué importa es que tal sea la voluntad del hombre, porque si es mala, estos movimientos

serán malos, y si es buena no sólo serán inculpables, sino dignos de elogio, puesto que en

todos ellos hay voluntad, o, por mejor decir, todos ellos. A otra cosa que voluntades; porque, ¿qué otra cosa es el deseo sino una voluntad conforme con las otras cosas que queremos ¿'Y qué es el miedo y la tristeza sino una voluntad disconforme a las cosas que no queremos? Pero cuando nos conformarnos deseando las cosas que queremos, se llama

deseo, y cuando nos conformarnos gozando de los objetos que nos son más agradables y

apetecibles, se llama alegría, y asimismo cuando nos es menos conforme y huimos de lo

que no queremos que nos acontezca, tal voluntad se llama miedo, y cuando nos

conformamos y huimos de lo que con nuestra voluntad nos sucede, tal voluntad es tristeza, y sin duda alguna que según la variedad de las cosas que se desean o aborrecen, así como

se paga de ellas u ofende la voluntad del hombre, así se muda y convierte en estos o

aquellos afectos, por lo que el hombre que vive según Dios y no según el hombre, es

necesario que sea amigo de lo bueno, de donde se sigue que aborrezca lo malo; y porque

ninguno naturalmente es malo, sino que es malo por su culpa y vicio, el que vive según Dios debe aborrecer de todo corazón a los malos, de suerte que ni por el vicio aborrezca al

hombre, ni ame al vicio por el hombre, sino que aborrezca al vicio y ame al hombre, porque, quitando el vicio, resultará que todo deba amarse y nada aborrecerse.

 

 

 

LA “CAÍDA” DEL IMPERIO ROMANO

 

     Los resultados de los esfuerzos de Constantino para reorganizar el imperio fueron de breve duración.  Para fines del  Siglo IV, el imperio se estaba desintegrando.  En una próxima página indagaremos sobre los diferentes factores que llevaron a  las múltiples  fracturas del Imperio Romano.

 

 

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