EVALUACIÓN DE LA RIMA LIII  DE GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

 

                                   (para estudiantes) por Maricarmen Martínez Ph.D.

 

 

            En este trabajo  se analiza de forma espontánea ** la Rima LIII del poeta español Gustavo Adolfo Bécquer (1854-1870.) Se trata de un poema extremadamente conocido en el mundo de habla hispana y del cual se sirven los enamorados para enviarse promesas de amor, sino eterno, al menos duradero.

            Una rendición de la estructura sintática del poema facilita el análisis del mensaje amoroso que contienen sus cincos estrofas.......

 

           

 

 

 

RENDICIÓN DE LA RIMA LIII DE BÉCQUER EN SINTAXIS ESPAÑOLA ORDINARIA

 

 

            Las oscuras golondrinas volverán

            a colgar sus nidos en tu balcón,

            otra vez llamaran jugando

            con el ala a sus cristales .

 

            Pero aquellas que a contemplar

            tu hermosura y mi dicha el vuelo refrenaban,

            aquellas que aprendieron nuestros nombres

            esas..., ¡ No volverán!**

           

            Las tupidas madreselvas volverán a

            escalar las tapias de tu jardín,

            y sus flores se abrirán aun más hermosas

            en la tarde.

 

            Pero aquellas cuajadas de rocío

            esas cuyas gotas mirábamos temblar

            y caer como lágrimas del día

            ¡ no volverán!

           

            Las palabras ardientes del amor volverán

            a sonar en tus oídos

            Tu corazón tal vez se despertara

            de su profundo sueño.

 

            Pero, como yo te he querido...,

            mudo y absorto y de rodillas,

            como se adora a Dios ante su altar,

            desengáñate, así....! no te querrán!

 

 

           

 

 

 

             El poema abre con una imagen de primavera y apareamiento. Las oscuras golondrinas revoletean celebrando el ritual del cortejo que apunta al inicio de la estación primaveral.  Ellas cuelgan fecundamente sus nidos en señal de la atracción de los géneros.  Las golondrinas, mensajeras del amor, revolotean lúdicamente en el cristal del balcón de la amada, celebrando tal vez, el inicio, o quizás, el apogeo, del amor de una pareja humana.

            La primera estrofa predice enfáticamente la circularidad del apareamiento del macho y la hembra en el mundo natural, y tal vez, equívocamente apunta a la posibilidad de la re-actualización del ritual amoroso en el plano humano. Lo cierto es que la mujer del balcón no podrá detener el jubiloso apareamiento de la naturaleza.     Para reiterar, la infalibilidad del apareamiento en la fauna, Bécquer se vale del  uso del verbo "volver" en el futuro inmediato. Así," las oscuras golondrinas volverán a colgar sus nidos". y también " "llamarán jugando con el ala"  en el cristal de la amada. El futuro del apareamiento  de las golondrinas completamente predecible y de ello será testigo la mujer del balcón. La transparencia de los cristales del balcón le invita ineludiblemente a presenciar el juego sexual en la naturaleza.

             El círculo de la certeza  del apareamiento de las golondrinas y el indiscutible amor de la pareja que dicho apareamiento simboliza, se cancela por la singularización o particularización de las aves que representan el amor entre la bella del balcón y el poeta. Estas  particulares golondrinas son los animales representativos de la pareja en tanto que pareja, puesto que le son familiares a ÉL y a Ella, como si fueran tiernas mascotas que celebran el amor de la pareja humana.

             En efecto, en la bandada primaveral hay algunas que fungen como una especie de mascotas románticas de los enamorados a la vez que  como testigos únicos del romance entre la pareja humana. Estas aves, emblemáticas del amor de la pareja, abandonan  la bandada natural pues ya pertenecen exclusivamente a la esfera del romance sentimental.  Son estas las golondrinas que contemplaban la ¨"hermosura" de ella y  que detenían o "refrenaban" su vuelo al advertir la dicha del hombre enamorado.  Los pájaros que ahora renuncian a la bandada, conocían ya el nombre de los enamorados y quizás lo trinaban al aire cuando la pareja se daba cita en el balcón de ventanales de cristal.

             Bécquer recurre al uso enfático del tiempo verbal futuro para cancelar la posibilidad de que las aves de la pareja vuelvan a visitar el balcón.  La amada será testigo del ritual primaveral de apareamiento, de las golondrinas en general,  es decir de cualquier bandada de pájaros que efectúe su ritual de fecundidad en la primavera. Sin embargo, aquellas que representan al amor espiritualizado y casi sobre- natural que el amado siente por la amada,  definitivamente, esas, "no volverán."

            En el plano del romance humano, se entiende que no hay posibilidad de reconciliación entra la pareja ya que su amor  trasciende  el eterno retorno del mundo natural. Las golondrinas, que son emblema de los enamorados, no volverán al ventanal, pero los enamorados humanos que allí se cortejaban, tampoco volverán. Esta segunda estrofa elimina la trillada promesa de vivir felices para siempre y coloca en su lugar el clásico amor fallido  y altamente espiritualizado que tanto atrae a los románticos.

            Las  tupidas madreselvas que  escalan el balcón con ventanales de cristal de la mujer amada por el poeta, se comportan de la misma manera que las golondrinas.  El  poeta- enamorado admite que la naturaleza es indiferente a las pasiones, y  los sentimientos humanos. Las golondrinas continuarán colgando  sus nidos y las tupidas madreselvas volverán a escalar el balcón con ventanas de cristal.   Las madreselvas " se abrirán aún más hermosas en las tardes”. Sin embargo, aquellas cuya identidad y particularidad están ligadas a la relación sentimental de los amantes," no volverán".

            Bécquer insiste en que el amor es capaz de robarle a la naturaleza parte de su ser, si bien admite que es inevitable que las aves continúen revoloteando y las flores creciendo. Las  madreselvas seguirán escalando el balcón pero "aquellas cuajadas de rocío"  y que son símbolos del amor fresco, inocente, puro casto y virginal no volverán. O de otro modo, esas especificas golondrinas y madreselvas  abandonan su el mundo natural porque eran o existían  solo en virtud de un romance que llego a su fin.

            En la quinta estrofa del poema Bécquer extiende la circularidad del tiempo natural a la esfera de las emociones humanas. Así, observa que las palabras de amor retornan y que de hecho "volverán a sonar en  los oídos" de la  mujer   que antes amó. Sin embargo, el fin del romance asegura  que ciertas golondrinas y ciertas flores abandonarán para siempre el  hábitat del balcón.  Las aves y las flores que no volverán son aquellas que ya no son mera naturaleza por haberse incorporado a la dimensión del amor sobrenatural que se profeso la pareja  de amantes.

             Las palabras amorosas pueden despertar del sueño a la amada y acaso generar en ella una nueva primavera sentimental. Sin embargo, el poeta-amante se convence de que el tipo de amor que le profesó a su amada está mas allá de la circularidad de los acontecimientos naturales y emocionales.

            En efecto, la sexta estrofa advierte  a la amada que se des-engañe ya que el amor que por ella sintió el poeta no se rige por los círculos temporales que gobiernan a las criaturas naturales, o a las pasiones humanas. El amor que por ella sintió y acaso siente,  es casi una idolatría. Este amor, es ¨"mudo" y "absorto" como una visión beatífico Se trata pues, de una  amor mas allá de la naturaleza y de la psiquis es decir, es un amor sobre-natural.

            Para Bécquer   los estamentos de la realidad  se organizan jerárquicamente entre lo natural o físico, lo sociológico o emotivo y  lo espiritual. Tanto el reino natural como el emocional, están gobernados por la repetición circular de eventos. El reino sobrenatural escapa al eterno retorno de los otros dos estamentos.  De hecho, se desprende del poema, que el reino sobrenatural puede alterar los otros dos dominios de la realidad,  impidiendo el regreso de ciertas golondrinas y de aquellas flores cubiertas de rocío que simbolizan el amor de la pareja. El amor divinizado invade,  pues  el reino de lo natural y de lo emocional  y toma de allí, como en un rapto todo objeto u emoción que se asocia romance de la pareja que lo experimenta.

            La estrofa final de la Rima  LIII  contiene una reiteración del prevalecer del tipo de amor espiritualizado que el poeta siente por la amada. En esta estrofa, Bécquer se reitera en su convicción de que el amor espiritualizado, a diferencia del mero enamoramiento, trasciende el eterno retorno del mundo. El poema  apunta pues a la inevitable circularidad de los eventos naturales y sicológicos y a la potencia que tiene el amor e espiritualizado de abolir y trascender círculo de un futuro que no es más que una repetición del presente. Es por ello que el amante le asegura a la amada que la manera cuasi religiosa con que la ama es irrepetible.

            Se hace necesario que la amada se desengañe, es decir que no salte a la conclusión equivocada de que como todo se repite, el amor que su amante sintió por ella se repetirá también. Este forma de razonar  es valida cuando se trata del vuelo de retorno de las bandadas de golondrinas,  o del renacer de las madreselvas, pero resulta equivocada cuando se trata de la posibilidad de volver a encontrar, el amor sobre-natural.  Por ende, la experiencia de ser amada y amar con un amor " absorto y de rodillas como se adora a Dios ante un altar" es indudablemente irrepetible. La ultima estrofa hace de esta convicción una verdad irrebatible.

             La fuerza que Bécquer pone en su sentencia  acerca del carácter irrepetible, y por ende único, del amor espiritualizado, se hace viable a través del uso del estribillo casi letánico.  Las golondrinas, ángeles del amor puro, no  volverán, las  madreselvas cuajadas de rocío, no volverán y  como el poeta quiso a la  amada, no la querrán....

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Algunas reflexiones críticas en torno a la representación de la mujer amada

 

             El acto de leer envuelve tanto la comprensión del texto en su contexto, como la evaluación crítica de los cánones ideológicos que el texto representa.

En el caso de la  Rima LIII se hace necesario una lectura crítica de la representación de la mujer amada.

             Esta rima muestra a Bécquer como heredero de la tradición romántica. El enamorado romántico convierte a su amada en una especie de musa virginal  cuya identidad toca lo fantasmagórico.  La amada es un ser  etéreo,  e inalcanzable que carece de subjetividad propia.

            En efecto,  los escritores románticos y sus herederos literarios convierten a la fémina en  el objeto de sus aspiraciones. Las almas bellas románticas parecen nutrirse de su desdicha.  Así, la mujer del balcón de ventanales de cristal es mas bien el objeto que mueve y estimula la desventura romántica.  El poeta, por su parte, usa esta desventura como ocasión para la prepara al alma para la creación artística. Es por ello que se ha dicho que la mujer es poesía.

            El poeta-amante tiene razón al declarar que nadie  amará a la mujer del balcón como la ha amado él, puesto que ella en realidad no existe más que en la su imaginación. La subjetividad de la joven del balcón es en realidad la subjetividad del poeta en su delirio poético.

            Este tipo de poesía  generalmente disocia a la mujer de sus cualidades intelectuales y sexuales.  La bella amada no posee pensamientos propios.  Ella es un par de oídos receptores de "palabras ardientes de amor"..  La mujer es como dice Bécquer en la Rima LXVIII  una "sombra área"  que "al tocarse se desvanece".  Por ello, esta mujer hecha de "leve bruma", carece de experiencias sexuales y del disfrute del placer erótico como elementos mínimos para formar una conciencia individual genuinamente humana.

            Finalmente, es cierto que la historia y la vida cotidiana están llenas de amores imposibles,  y que muchos de ellos quedan  en el mero encanto de la ilusión platónica. Sin embargo, la incomunicación entre los que así se sienten, puede deberse mas a asuntos de convenciones socio- éticas, que a visones beatífica.  Y no este el lugar para explorar el misterio de los amores clandestinos. ....

        



**  Se  sigue la recomendación del Profesor Ernest Rehder  para la presentación de este trabajo.

 

 

 

**  Me parece que, en este caso, la rendición original de los últimos dos versos es la mas apropiada es: " aquellas que aprendieron nuestros nombres..... esas... !no volverán!